Thursday, April 26, 2018

THE DARK GARDEN / EL JARDIN OSCURO




A man stirs in his bed. Half-asleep, he revels in dreams of bloody colonial conquest, the tree lined beaches of four hundred years ago, disembarking adventurers, graves and root entangled corpses, of a time when life was short and violent. Jolted back into mundane present day reality by an alarm call, the dreamer wakes to continue his robotic life. As usual, it’s a grey day. Breakfast goes badly, but the dream lingers, only offering consolation to those who may recognise in it the universe's sublime indifference to human time and history.

Un hombre se agita en una cama. Medio dormido, se deleita en sueños de sangrientas conquistas coloniales, playas arboladas de hace cuatrocientos años, aventureros que desembarcan, tumbas y cadáveres enredados en las raíces, en una época en que la vida era violenta y corta. Como un resorte, una alarma lo trae a una realidad diaria y mundana; el soñador se despierta para proseguir con su robótica vida. Como de costumbre, el día es gris. El desayuno se tuerce, pero el sueño persiste, ofreciendo consuelo sólo a quienes en él pueden reconocer la sublime indiferencia del universo hacia el tiempo y la historia de los seres humanos...

El Jardín Oscuro / The Dark Garden © A-Soma & David F. Brandon, 2018.

Friday, January 05, 2018

EL JARDÍN OSCURO

Su imaginación obsesiva observa sin pestañear, vaga en una fría habitación, el yeso agrietado, entre una cama sin hacer y un techo sin luz; y luego, como si de arena se tratara, rápidamente se desliza entre unos dedos artríticos, cayendo a la tarima y, en el mejor de los casos, se convierte en arenilla. Parpadea y desaparece.

1519. El Nuevo Mundo. Los españoles firmes, manos en las caderas y las empuñaduras, y es aquí, bajo un cielo plomizo, donde titilan en su oscuro jardín de muerte.
Los Oscuros y Sucios, de pie, saciados, tras la hilera de árboles, la arena a sus espaldas, arena antes dorada, que invitaba a ser tocada, aunque a los árboles lo mismo les da.
"¿Quién yace aquí envuelto en tierra, comido por los gusanos para siempre? ¿Todavía nadie? ¡Chicos! Arrastrad los botes y amarradlos. Esperaré hasta el final, hasta que caiga el último".
1629. Bahía de Massachusetts. Los británicos pasean a lo lejos, despreocupados, más allá de la hiera de árboles. Multitud de antorchas y piras, llamas ávidas de tierra, la espada de Cromwell ávida de sangre. Sólo unos pocos osan a echar la vista atrás, en dirección al mar, por encima de sus hombros, más allá de la hilera de árboles, hasta las playas que los vieron tomar tierra.
Arena virgen fue lo único que ahí hubo una vez, frente a la hilera de árboles, nada más; un érase una vez una costa dorada que la pólvora, de un negro profundo, conquistó con sus llamas.
Los Oscuros y Sucios, de pie, saciados, tras la línea de árboles, entre cenizas. Abono, a los árboles igual les da.
Los malditos juglares componen un estribillo melancólico.
"¿Quién yace aquí envuelto en tierra, comido por los gusanos para siempre? ¿Todavía nadie? ¡Chicos! Arrastrad los botes y amarradlos. Esperaré hasta el final, hasta que caiga el último".
“¡Chicos!"

Miradas hacia atrás en dirección al mar, hacia calas ocultas, calas de pesadilla donde no existen noches de sueños apacibles. Hay tumbas poco profundas ahí, tras la hilera de árboles, donde la historia y el tiempo se convierten en abono. A los árboles, a las plantas, a los gusanos qué más les da, para ellos un auténtico festín.
Bajo un cielo de plomo brilla el jardín oscuro, esperando a su compañía de actores de la legua. En el resguardado césped, los malditos juglares interpretan un melancólico estribillo que a ustedes invitan a bailar, unos pocos son juglares, bufones ustedes todos.
"¿Quién yace aquí envuelto en tierra, comido por los gusanos para siempre? ¿Todavía nadie?

"¡Chicos!"

Entre sábanas pegajosas y arrugadas, sobre una almohada que huele a rancio, se asoma una cabeza desaliñada, una cara sin afeitar desde hace días...
Tic...Una carcajada despreocupada y estridente se ríe de la picazón de su entrepierna. Resuena, repiquetea en todos los dolorosos lugares donde habitan sus deseos, rebota de una pared a otra...
Tac... Sudor. Las oscuras cortinas no están corridas y no pueden filtrar la luz enfermiza de la mañana... 
Silencio.

Silencio, más o menos.
Tic... Un sonido, los pelos de su barba raspan el liso tejido de un almohadón de nylon...
Su respiración ocasional, una ráfaga de viento en la distancia, lluvia contra el cristal. Sus ojos vidriosos miran a través de la condensación del cristal. La más ominosa y maldita de las nubes, como cataratas de plomo…
Quiquiriquí... Quiquiriquí... Nace un luminoso nuevo día.
Cisterna, inodoro, cadena, inodoro enmohecido, un familiar olor a mierda, cerdas retorcidas de un cepillo de dientes, encías sangrantes...
El fregadero lo observa, el desagüe traga el contenido de media taza de un tépido té en el sentido de las agujas del reloj, una tostada...
Una televisión, cabezas parlantes que intentan vender y vender, que, alertas, miran fijamente, tostadas quemadas...
La bolsita de té, rota, deja una escurridura. El agua, de un marrón oxidado, desaparece...
El barro obstruye las alcantarillas y los desagües, la lluvia, fragmentos de cristales rotos, una música pop suena a hueco dentro de unos auriculares baratos ...
Trenes que chirrían y traquetean por alcantarillas oxidadas bajo tierra, ozono eléctrico, ¡tío!...
Un traqueteo por terraplenes de color óxido, plantas que hacia abajo estiran sus raíces en busca de ricos nutrientes...
Un traqueteo que transita por encima y bajo puentes de ladrillo rojo herrumbre, donde los ladrillos se desintegran, surcando fragmentos de cristal color óxido...

Arenilla. Hay una tumba poco profunda tras la hilera de árboles. Las plantas se estiran buscando la luz del día. A los gusanos igual les da...

Perros que levantan la pata, orinan, gruñen, cagan, “perdona, perdona” ...
Esqueletos de paraguas, armas, quejidos, la condición humana siempre presente, siempre en el centro de todo...
Voces por doquier, estridentes, voces se ríen en su imaginación y desaparecen, la muerte, por favor, policía, sus ojos inyectados en sangre...
Pulgares en pantallas azuladas, selfis que proyectan millones de sonrisas con el objeto de vender y devorar millones de sueños anunciados desde carteles publicitarios; Imágenes que nos incitan a consumir sueños violentos, mientras una delicada flor es mecida por el viento...

Flor que se tambalea al borde del abismo...
Ahí, para ser aplastada.
Infinidad de teléfonos hacen eco en la ciudad, millones de ellos tartamudean, sonando en el silencio de espacios vacíos, tartamudean y balbucean y se ahogan, ahogándose en un silencio estrangulado. Nadie, nada, ya nada queda que compartir.
Nadie. Nada tras la hilera de árboles, donde las raíces hurgan, imperceptiblemente, en busca de ricos nutrientes. Pétalos marchitos, de un amarillo naranja, se estiran sutilmente en busca de la sofocante luz del atardecer.
Tranquilo, casi en silencio, bajo un cielo plomizo, un jardín oscuro espera a su compañía de actores de la legua, juglares algunos, bufones todos. Al jardín igual le da.
“¡Chicos!”





 La fotografía "El Jardín Oscuro" © David F. Brandon, noviembre 2017

Wednesday, September 06, 2017

A PRELUDE TO “THE DARK GARDEN”



At number eighty-nine, Little Red Riding Hood has taken off all his clothes. Selfies will shortly appear somewhere to prove this fact. Little Red Riding Hood is going on a date.


The screen I gaze into is vantablack. Something smells of a shadow. Something tells me she has black earth under her fingernails. Black earth from The Dark Garden. Something in me feels her black familiar arch its back invisible in its dusty tantalum night-time. I imagine it hisses at me out of somewhere. The hairs on my arms stand on end. Something tells me the cat yawns. 

The algorithms are not overworked. They are dressed to kill. They have a date. They are going to the carnival.


In the Congo, in Brazil, black men slave for coltan. 




 The photograph “The Writer at Langaller Lane 172988” © David F. Brandon 2017

Monday, September 04, 2017

GO FURTHER / ARRIESGA MÁS



En mi cabeza, un océano. Hay aceite esparcido en la tormenta. Las huellas de tus dedos se deslizan por las aguas. Un universo centellea en la contaminación.
 

Inside my head, an ocean. There is oil thrown into the storm. Your fingerprints skitter across the waters. A universe shimmers in the pollution.





 Image “Low Tide” © David F. Brandon 2017